Un zombie menos en Palas del Rey (etapa 13 de mi #CaminoDeSantiago)
Se acercó preocupado.
—No tengo con qué comer.
—¿Cómo que no tienes con que comer, Pancho?
—Solo tengo esto —me dijo enseñándome un billete de 100 dólares y dos de 50 y 20 francos suizos.— Y no me los cambian en el VBkZ ese.
—¿Saca del cajero?
Pancho pestañeó mucho. Usa una gorra ligera de deporte pero se le va de lado, un morral mal puesto y un vaso-cantimplora para el agua de dos litros, enorme para andar 28 kms.
—Perdí la tarjeta de Madrid a Ponferrada.
Yo no pestañeé nada. Abrí los ojos mucho.
Primero, reventó. Pero no dejó de ir a nuestro ritmo. Pancho es el suizo-boliviano que reventamos en una de las etapas anteriores. Después, lo rescatamos medio perdido antes de llegará a Triascatela. Sin rumbo, sin mapa, móvil, sin seguir las flechas amarillas y sin albergue. Lo pusimos en cola y lo dejamos en la puerta del albergue municipal. A los dos días estaba caminando como zombie a las 6:00 para salir del pueblo. De nuevo a la cola. Ese día lo esperamos en la puerta del café, antes de meternos a pedir.
Pídete esto. Pídete aquello. Se paga allá. Pancho, vas a tener que tirar ese maletón al río. Pancho, reviéntate las ampollas y ponte aquello. Pancho, no vuelvas a salir a caminar con zapatos nuevos. El único que no le dice nada es Alex. Lo ve y niega con la cabeza. Se comparten las claves del wifi de los bares.
—Yo te cambio los dólares. Los albergues, le decimos a tu hija que los pague online. La comida, hay bocatas de mi padre. Y en tren de vuelta a Madrid me dijiste que ya lo tienes, ¿no?
Afirmó con cabeza, sin decir nada, y volvió a pestañear mucho.
Alex sigue negando con la cabeza mientras nos tomamos la última cerveza: —¿Y tu padawan?
—Reventado (de nuevo). No quiso venir a dar la vuelta.
Mi madre también preguntó porqué no vino Pancho.
—Está bien para sus 77 años —dice mi padre.
Luego recordamos que la etapa fue larga, y que ya hay un zombie menos, y un Nosotros más.
#hiking



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