La importancia del ritmo (a Portomarín, etapa 12 de mi #CaminoDeSantiago)
Una zombie dominguera que estaba sentada a nuestro lado en las cañas de después de la siesta nos contó que iba día a día para dejar de tener control.
—Así aprendo algo en El Camino. ¿Y tú?
Que manía de aprender algo cuando lo importante es disfrutar. No contesté.
Gruñó y repitió: —¿Y tú?
Intenté responder en sus términos: —Nos levantamos a las 5:40, terminamos de arreglar la maleta, salimos a a las 6:00, revisamos la estrategia y el perfil del día, caminamos, café, caminamos, cerveza, checking, comida, baño, siesta, últimos alcoholes, dormir. Así hoy, camino a Portomarín, y todos los días.
La chica de nuevo gruñó: —Y la versión corta.
—Andar y beber/
y cuidar siempre,/
de nunca caer
—dije.
La chica gruñó.
Chica, te lo he contado en un haiku. ¿No que controlabas?
Sobre el control, yo he delegado en un funcional Garmin. Me da todo lo que quiera, si me acuerdo de activarlo. Miro principalmente el ritmo. El ritmo es lo que importa. El ritmo te da oportunidad de llegar bien, de respirar. El ritmo para todo, para caminar, para beber,… chica, hasta para ser antipática necesita ritmo. Gruñido, gruñido, sonrisa. Gruñido, gruñido, sonrisa. Tú llevas tres gruñidos.
El ritmo te hace grande. Míralo al Messi: recorte, recorte, recorte, tiro. Recorte, recorte, recorte, tiro. Recorte, recorte, recorte, gol. Ritmo.
10, 11, 12 o 15 mins el kms. No importa, mientras mantengamos el mismo ritmo. Luego seguimos.
Cerveza, cerveza, cerveza. Todos al mismo ritmo. Todos menos la chica, que no dejaba el control a un lado y tampoco tenía ritmo.
#hiking



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