En Surfers Paradise, en Rincón, Puerto Rico, al igual que en la costa este de Australia, hay surfistas. Claro está. Las playas son preciosas. Y hay perros salvajes, así les llaman la gente local, que en realidad son perros callejeros, o perros playeros. Viven sin dueño y viven pendientes de los surfistas. Uno en particular, el más grande, una especie de dogo bastante imponente va y viene. Un surfista se para en la playa a ver las olas, y se acerca, lo huele. Le da vueltas y se sienta al lado. El surfista, quien sea, se mete y el perro va hasta la orilla y mira las olas, y ladra. Un surfista agarra una ola, y mira, vigilante. Hay otro más allá, y corre a verlo. Me meto solo hasta las rodillas y me mira, se acerca, me huele, me registra y se queda conmigo. Y yo sonrió.
En la playa hay mucha piedra, hay resaca, muy fuerte, hay ganas de meterse al mar, y hay perros guardianes mirando por todos.~






Deja una respuesta